Descenso terrible

No podemos sino creer que el árbol y el pájaro y los niños y la persona amada son certezas... mientras los sabios nos insisten que son semivacíos estructurados, livianísimas nubes de partículas que interaccionan entre sí con resultados sólo probables, y aún chispazos electroquímicos que urden la realidad (virtual) en las acequias de nuestra mente... El pensamiento se ha convertido, tras tanto espejismo de conocimiento, en una rémora para entender al corazón (como siempre fue, al cabo), y entre las dos caras de una hoja del vasto libro de las dudas anida el espesor sin dimensión de nuestras certezas.

Juan Blanco